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Autos y Coches ™

Conducir y navegar

El uso de navegadores en la conducción cotidiana está alcanzando cotas extraordinarias. De hecho según un estudio hecho público por Navteq, proveedor líder a nivel mundial de cartografía para sistemas de navegación, en 2007 se venderán en Europa 19 millones de dispositivos entre aparatos instalados de fábrica y los denominados PND, o dispositivos específicos de navegación portátiles.

navegador PeugeotEl éxito masivo ha tardado en llegar porque, como suele suceder con este tipo de inventos, los primeros navegadores eran caros y sus virtudes poco conocidas, pero sus indudables ventajas y el crecimiento de la oferta han terminado por consolidar un mercado floreciente. Ahora hay navegadores para todos los públicos. Desde los modelos más sofisticados con pantallas de TFT a todo color hasta las agendas electrónicas (PDA), la oferta está al alcance de casi todos los bolsillos. Además, las lagunas que hace un lustro podían achacarse a algunas cartografías en zonas concretas de la geografía puede decirse que ya superadas, aunque para no quedarse atrás no sólo es necesario adquirir el navegador y el software de mapas, si no también periódicamente hacerse con la última versión disponible, lo que supone un coste de unos 100 euros que muchos usuarios no están dispuestos a asumir. Este es uno de los problemas a los que se enfrenta el mercado de los navegadores, y de cómo lo solucionen dependerá en gran medida la implantación generalizada de uno de los sistemas de ayuda a la conducción más útiles y de mayores posibilidades futuras.

Tom TomUno de los frutos del desarrollo de los navegadores es la posibilidad de recibir avisos sobre el estado del tráfico en tiempo real, algo que yo ya he comprobado en muchas ocasiones que se convierte en un excelente aliado de la conducción cotidiana. Aunque sepa perfectamente la ruta a seguir para llegar a mi destino, al contar con las alertas de tráfico cuento con un aliado más para evitar los atascos en hora punta. Sin embargo, al mismo tiempo no soy partidario de llevar siempre encendido el navegador. Parece que, como sucede con las cosas que se ponen de moda, el que tiene un navegador lo usa como un juguete, y como un elemento que queda muy bien colocado sobre la luna delantera, funcionando en todo momento aunque sea para recorrer rutas de sobra conocidas. Si no es necesario, el navegador puede distraer la atención del conductor, y más todavía cuando se disminuye el campo de visión frontal. De hecho la normativa de tráfico prohíbe colocar cualquier objeto que estorbe la visión sobre la carretera y la Dirección General de Tráfico, a mi juicio con buen criterio, ya ha advertido de que de que pueden empezar a caer “recetas” por esta causa.

navegador en cristalSin embargo Navteq (el responsable de la mayoría de los mapas que puedes encontrar en el navegador de tu coche, en tu Tom Tom o en cualquier otro dispositivo de navegación) publicó otro interesante estudio sobre los beneficios de la navegación sobre la seguridad y la economía. Según este estudio, el uso de navegadores reduce el consumo (y por tanto la polución) en un 16% cuando se circula por rutas desconocidas, puesto que evita el mayor kilometraje que supone perderse; y en cuanto a la seguridad la influencia del navegador supone según este estudio un 11,7% menos de accidentes… quizá gracias a que un navegador evita tomar direcciones prohibidas, ayuda a colocarse en el carril correcto para realizar un giro próximo con la suficiente antelación, etcétera… aunque no me cabe duda de que estas cifras estarán en cierta medida contrarrestadas por los choques derivados de distraer la atención de la carretera para mirar la pantallita…

En definitiva creo que los navegadores tienen un increíble futuro por delante, con avances como la señalización de semáforos, visualización fotográfica de la cartografía de las ciudades, comunicación con otros vehículos para advertir sobre obstáculos y peligros en la vía, etcétera. Los usuarios ya tenemos clara la utilidad de esta tecnología y ahora lo que queda es alcanzar la madurez en el uso que se hace de ellos.