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Autos y Coches ™

Pecados al volante

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Ya era hora de que la Iglesia se implicara en la realidad de la carretera: Esta semana el Vaticano ha presentado un decálogo con las normas que todos los cristianos debemos seguir cuando nos ponemos al volante, y la verdad es que hay de todo. Parece hecho un poco precipitadamente y algunos puntos son bastante flojos, incluso mal elaborados. Lo que es seguro es que si todos -cristianos o no- cumpliésemos con este decálogo, seguro que disminuían los accidentes, los pitidos y los cabreos al volante de forma exponencial.

El primero es de lo más obvio y por ello un poco absurdo: “No matarás”. No hay que darle muchas vueltas, aunque ciertamente hay que ser malo de película de Sergio Leone para ir por ahí matando a la gente con el coche porque sí. Supongo que tenían que ser diez y no nueve…

conduccion cristiana

El segundo: “Que la ruta sea para ti un instrumento de comunión entre las personas y no de daño mortal”, tiene bastante más significado. La carretera es un bien compartido y en ella nos encontramos todos. Convivimos en ella, y hay que entender que cada uno la debe usar pensando en no molestar a los demás, pero además que el prójimo puede tener un concepto, necesidad o limitación diferente de la circulación del nuestro que hay que respetar. Hay que ser respetuoso, cortés y condescendiente con los otros, siempre.

El tercero“Cortesía, corrección y prudencia te ayuden a superar los imprevistos”No pitar al torpe, no excitarse por que se te cuele un tío jeta y por supuesto elegir siempre la maniobra menos arriesgada. No obstante, si se te presenta un riesgo inesperado ten claro que la rapidez de reacciones es fundamental, y que siempre hay que pensar en evitar el daño mayor. Vamos, que no te pares a pensar en el decálogo y en cambio busca siempre la mejor opción para salvar la vida de los demás, de los pasajeros y la tuya propia. Por ese orden.

El cuarto“Sé caritativo y ayuda al prójimo en la necesidad, especialmente si es víctima de un accidente” Las frías normas de tráfico obligan a socorrer a los accidentados, pero el consejo del Vaticano va más allá e insta a los cristianos a ayudar a los demás en el camino cuando se pinchen una rueda o se queden sin gasolina. Lo cierto es que en las autopistas españolas no es muy recomendable seguir este mandato al pie de la letra. Los arcenes son tan ridículos que más vale rezar por el que se ha quedado en la cuneta si se encuentra bien de salud que parar y convertirse en blanco para cualquier imprevisto. De todas formas los postes de asistencia suelen funcionar pero no siempre, porque lo habitual es que el ministro y el consejero inauguren la autopista y después ya se coloquen “accesorios” a la misma, especialmente en periodos electorales. Los motoristas tenemos la buena costumbre de parar y ayudar cuando vemos un casco colocado en la cuneta, señal que advierte de que un compañero está en apuros. No estaría de más que en el coche hiciéramos lo mismo, aunque el tamaño de un automóvil muchas veces es un claro impedimento.

El quinto“Que el automóvil no sea para ti expresión de poder y dominio y ocasión de pecado”. En fin, a la religión le dan sentido las normas morales; no todo es evitar accidentes y en cuestión de coches está claro que hay una buena dosis de exhibicionismo y demostración de estatus circulando por nuestras carreteras. Está claro que dentro de la mayor parte de los coches potentes, lujosos y caros no está un amante del automóvil o alguien que valore las virtudes objetivas del vehículo, sino personas que ven en su coche una demostración de “estatus” y que de alguna manera pretenden trasmitir lo bien que les va en la vida. Precisamente estos conductores muchas veces se escudan tras su cochazo para sentirse los reyes de la carretera. No obstante un coche caro casi siempre es muy seguro y agradable de conducir, por lo que no se trata de no comprarlo si no de no usarlo como símbolo de algo más allá de lo que es.

El sexto“Convence con caridad a los jóvenes y a los que ya no lo son para que no se pongan al volante cuando no están en condiciones de hacerlo”. Este mandamiento me parece bien… y me parece mal. ¿Porqué no se hace mención expresa de que si no estás tú mismo en condiciones no circules? ¿Es que acaso los cristianos tenemos prohibido beber alcohol? Los buenos consejos empiezan por uno mismo. Por otra parte, convencer con caridad debe ser hacerlo con comprensión… pero yo añadiría que, si es imprescindible, les arrebates la llave, eso sí, con caridad.

El séptimo“Brinda apoyo a las familias de las víctimas de los accidentes”

… y el octavo“Reúne a la víctima con un automovilista agresor en un momento oportuno para que puedan vivir la experiencia liberadora del perdón”. Ambos me parecen muy positivos y edificantes. Creo que incluso desde las instancias públicas deberían fomentar estas actitudes y comportamientos de forma generalizada, porque por un lado viendo las consecuencias de los accidentes se ayuda enormemente a evitarlos, y mostrando la solidaridad con los demás se fomentan los valores sociales.

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Y por último el noveno y el décimo tienen también su punto común: “En la ruta tutela al más débil” “Siéntete tú mismo responsable de los demás”. La responsabilidad. Al volante es esencial porque  como bien dice el Vaticano cuando conducimos somos responsables de los demás, podemos influir en sus vidas. Especialmente con los más débiles: los peatones, los ciclistas o los motoristas. Hay que tener siempre un trato especialmente generoso con los vehículos de dos ruedas,  mirar dos veces el retrovisor antes de cambiar de carril por si una moto se ha metido en el ángulo muerto y por supuesto dejar por lo menos un metro de distancia al adelantar a un ciclista, intentado hacerlo además a una velocidad moderada si no hay mucho espacio entre nuestro vehículo y el suyo. Con los peatones más todavía, aunque los arzobispos deberían hacer también un decálogo para que los más frágiles de toda esta maquinaria tomen conciencia de que son parte integrante y responsable del tráfico y que también va con ellos respetar las normas, por la cuenta que les trae.

En fin que de todo hay. Pero si analizamos los consejos adicionales que aprovechando este decálogo nos dan las autoridades eclesiásticas vemos cosas tan chocantes como que recemos el rosario en viajes largos “porque su ritmo y su dulce repetición no distraen al conductor”Menudo rollo de viaje… como para amargarte las vacaciones, vamos. Por supuesto de aquí a la patente del volante con cuentas hay un paso. O por ejemplo que resultaría conveniente que en los nudos de autopistas se instalasen capillas, eso sí, fijas o móviles, dando opciones al Ministerio de Fomento; y también en los bares de carretera… y es que ciertamente hay algunos en los que hay mucho pecado, aunque no al volante. Definitivamente considero que están bien estas cosas, pero es una pena que la Iglesia esté tan alejada de las costumbres y usos de la sociedad actual. Da la impresión de que no han salido  de San Pedro en los últimos 50 años. Aunque claro, los que han redactado estos consejos seguro que tienen chófer, del mismo modo que cuando censuran el uso del condón demuestran que ellos no tienen necesidad de usarlo.

Por mi parte seguiré haciendo la señal de la cruz al comenzar un viaje, entrar en un banco de niebla o ver un accidente (llámalo superstición si quieres…) como también por supuesto aconsejan los padres de la Iglesia.

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