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Dos millones de puntos menos y 476 vidas más

Dos millones de puntos menos y 476 vidas mas

No hay bien más preciado que el de la vida. De ahí que la reducción de la siniestralidad en las carreteras en 476 víctimas mortales, doce meses después de la implantación del carné por puntos, sea una magnífica noticia. Esto significa una reducción de la mortalidad del 14,3 por ciento y marca una tendencia a la baja que comenzó en 2004. Entonces hubo una caída del 12,9 por ciento en el número de fallecidos, en 2005 fue del 5,1 por ciento y en 2006, del 9,4 por ciento. Por eso, y teniendo en cuenta lo anterior, y que el compromiso inicial de la Dirección General de Tráfico estaba entorno a conseguir el 7 por ciento, el resultado puede considerarse como bueno, al doblar la cantidad.

Y es, además, algo que anuncia, sin echar ni mucho menos las campanas al vuelo, un cambio de tendencia muy prometedor. Esto contrasta con las declaraciones de Tomás Santa Cecilia, director de Seguridad Vial del RACE, cuando afirma que la efectividad del carné por puntos está diluyéndose a medida que pasa el tiempo. Y añade que para corregir las deficiencias «sería necesario agilizar el proceso administrativo de tramitación en las sanciones». La realidad es que, según el ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, el balance de este año es apabullante.

De hecho, 2.291 conductores han perdido todos los puntos. A 358 infractores se les ha notificado; 1.018 están en proceso de tramitación y otros 915 recibirán en breve el aviso. Además, el director general de Tráfico, Pere Navarro, anuncia que hay 640.000 denuncias en tramitación y que de forma lenta, pero segura, supondrán la pérdida de otros dos millones de puntos. Así que, si esto significa perder fuelle como anuncian algunas asociaciones automovilísticas, que venga Dios y lo vea.

Cuestión muy diferente es cómo están cambiando los comportamientos de los conductores. Por ejemplo, por si no lo saben, somos el país que más cerveza sin alcohol consume. Actualmente, el 90 por ciento de los conductores y acompañantes llevan puesto el cinturón. Y cada día hay más radares instalados en las carreteras, por lo que los conductores levantamos de forma notable el pie del acelerador.

Por cierto, hablando de radares, sorprende por deplorable que alguna empresa de las llamadas «quitamultas» traten de animar a la DGT para que ajuste al máximo sus aparatos, de acuerdo con la velocidad permitida. El negocio es el negocio, pero teóricamente el suyo es la defensa de los conductores.