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La Generalitat y los malos humos

generalitat y los malos humos

Ha vuelto a ocurrir. Casi sin darnos cuenta, y con el indiscutible argumento de que la lucha contra la contaminación es de interés general, la Generalitat de Catalunya quiere limitar, a partir de otoño, la velocidad de 120 a 80 kilómetros por hora en el entorno de Barcelona. Este límite afectará tanto a autopistas como a autovías, una vez que realicen las oportunas campañas de sensibilización y cambien la señalización de estas vías llamadas rápidas.

Como era de esperar, la ministra de Medio Ambiente, Cristina Narbona, ha elogiado esta decisión porque mejorará la calidad del aire y nuestra salud. Cuestión muy diferente es la planteada por las asociaciones empresariales y especialmente por las de automovilistas. Desde el Comisariado Europeo del Automóvil (CEA), que considera que la medida puede acarrear graves problemas de movilidad, hasta el Real Automóvil Club de Cataluña, (RACC), que discrepa, según han manifestado sus responsables, señalando que este plan difícilmente logrará los efectos que se propone por tres motivos: uno de tipo técnico, otro de aplicación práctica y el último, por coherencia interna.

Lo cierto es que los argumentos, a favor y en contra, son numerosos. Lo que casi nadie dice es que con una conducción más eficiente, serían innecesarias este tipo de medidas. Como propone el RACC, podría llevarse a cabo un sistema de información inteligente que llamara la atención en cada momento de la velocidad más adecuada para contaminar menos, en función de la densidad del tráfico y los atascos. Porque es de todos sabido que entre las 7 y las 11 de la mañana de los días laborables, poder circular a 80 kilómetros por hora hasta la entrada de la Diagonal, es un auténtico sueño. A no ser que de lo que se trate una vez más, sea poner en marcha dispositivos de control en forma de radares con el consabido aumento de recaudación de multas por el exceso de velocidad.

Por otro lado, ¿no hubiera sido más lógico proponer de forma paralela la mejora de unos transportes públicos que por su deficiente funcionamiento actual han obligado a muchos ciudadanos a volver el coche privado como solución a sus necesidades de movilidad? Tomemos buena nota del desarrollo de este plan de actuación que terminará, pasito a pasito, convirtiéndose en estatal. Y si no, al tiempo.